Sara González Santos es licenciada en Psicología por la Universidad de Sevilla. Máster en Psicoterapia Relacional y experta en Psicopatología infanto-juvenil y Psicología Jurídica, Forense y Penitenciaria. Está formada en Sicodrama por la Asociación de Sicodrama y Sicoterapia de Grupo (ASSG).

Comienza su actividad profesional como psicoterapeuta individual, familiar y de parejas, compaginando dicha labor con el trabajo en organismos no gubernamentales y la docencia en diferentes cursos relacionados con el ejercicio de profesionales de la educación y la psicología.

Actualmente tiene consulta en Sevilla, atendiendo tanto en la capital como en la zona del Aljarafe, con dedicación exclusiva al trabajo psicoterapéutico individual o grupal con personas desde una perspectiva sicodramática (datos de contacto: sgonzalez@cop.es / 629 954 370).

  • Ante todo, muchísimas gracias por atendernos, por tu valioso tiempo y tu colaboración…

Gracias a ti. Es un placer poder compartir mi trabajo contigo y las personas interesadas en lo que propones. Los saberes tienen que fluir, y hoy día, este recurso es un excelente medio para hacerlo, y más, si ayuda a que la gente adquiera herramientas para aumentar su bienestar.

  • Para comenzar, ¿Qué es el sicodrama y en qué consiste tu trabajo con las familias?

El sicodrama es una forma de hacer psicoterapia en la que se hacen intervenir manifiestamente el cuerpo y el espacio. Para la técnica no sólo es importante lo que la persona dice, también lo que hace cuando le pedimos que pueda explicarnos eso mismo llevándolo al espacio y usando su cuerpo u otras herramientas para concretarlo. Esto permite uncompromiso total con lo que la persona hace, ya que evidencia las defensas que podamos tener en relación a lo que nos pasa, proporcionando una información excelente para el trabajo terapéutico. Por tanto, no nos centramos en los contenidos sino en el proceso de creación de lo acontecido para ella.

Originariamente se usaba como terapia grupal, pero hoy día es una magnífica forma para el trabajo individual. También se puede aplicar en ámbitos diversos y que no sólo tiene que ver con la salud, como la educación, lo laboral, la intervención social o la prevención.

Para poder explicar la práctica que realizo con las familias, es importante establecer previamente un encuadre sicodramático adecuado, y así poder ser consciente del alcance y las limitaciones de la intervención. No es lo mismo trabajar con un individuo en sí o en relación a un grupo (sicodrama), que en la interrelación entre dos individuos (sociodrama). En este segundo caso, se abordan los aspectos relacionados con la unión, centralizándonos en la resolución de conflictos vinculares y en los factores de personalidad involucrados de cada uno de los miembros en dicho conflicto, no en el individuo per se.

Me gusta poner el siguiente ejemplo: imaginad dos personas agarradas de una mano que miran hacia delante. En un abordaje sociodramático, vamos a trabajar en ese agarre: ver su forma y lo que ocurre en él. Por tanto, se va a trabajar directamente en las maneras de relacionarse (vínculos) para poder general cambios que repercutan en el sistema sin entrar en contenidos personales, sólo en la parte del individuo que tenga que ver con la relación establecida con el otro/a.

  • ¿En qué momento comienzas a trabajar con las familias y qué destacarías de este trabajo?, ¿qué le puede aporta el Sicodrama a las Familias?

Mi trabajo con familias empieza en 2008 como psicoterapeuta infanto-juvenil. Ahí comencé a observar que lo que le ocurría a los niños y niñas que atendía en consulta tenía mucho que ver con sus familias y, fundamentalmente, con las relaciones establecida con sus padres o con el resultado de las vinculaciones entre sus progenitores. Eso me llevó a formarme en psicoterapia relacional haciendo una zambullida directa en el manejo de los vínculos y más tarde, a poder hacer que los “jugasen” en escena, usando el cuerpo y el espacio de los/las participantes con esta técnica de psicoterapia directa como es el sicodrama.

Para mí, lo más destacado del trabajo con familias desde el modelo sicodramático, consistiría en la posibilidad de facilitar que puedan ver lo que sucede de una forma limpia, respetuosa y no invasiva. Muchas veces, con lo que se dice, podemos llegar a embrollarnos, y más si tenemos en consulta dos o tres miembros de la misma familia, de hecho, si pudieran solucionarlo desde ahí, no acudiría a nuestro gabinete, pero cuando se permite y se proporciona que el conflicto sea puesto en el escenario (en el espacio) y se consiguen dramatizar las escenas o situaciones conflictivas, podemos ver formas (entender procesos) que antes eran más complicadas con el uso exclusivo de la palabra.

Recuerdo una familia que acudía a consulta por su hijo de 12 años que se sentía deprimido. Obviamente el chico no sabía qué le pasaba, era bastante parco en palabras, y en consecuencia, sus padres estaban muy preocupados. En las primeras entrevistas, y gracias al uso de construcción de imágenes, pude ver qué era eso que le sucedía y le hacía sentir tan mal. Le pedí que creara una imagen de su familia, teniendo que ubicar a cada miembro dentro del espacio (nosotras/os le llamamos escenario) en una postura significativa, y en relación a cómo transcurrían las cosas en casa para él. Luego le invité a que él mismo pudiera sustituir la posición de cada uno de ellos y pusiera palabras a esa forma que les había proporcionado (soliloquios). Con esa simple consigna, conseguí ver cómo eran las relaciones y evidenciar un conflicto con su padre (situaba al padre rodeándolo con los brazos y expresando lo siguiente: “no vas a ser de nosotros hasta que no seas el mejor”). Todos pudieron ver aquello que ocurría, no tuve que explicar nada. Fue la madre, cuando su hijo terminó el trabajo, la que comenzó a manifestar cómo era cierto que el padre le exigía demasiado y, que a veces, la presión era muy dura. Después de eso, comenzamos a trabajar en aquellas relaciones y eso pudo hacer que el chico empezara a sentirse cada vez mejor.

  • ¿Cómo llega una Familia cuando solicita tus servicios? ¿Cuál es su demanda?

Las familias suelen llegar con diversas peticiones, pero algo común de todas ellas es que acuden cansadas y preocupadas con lo que les ocurre. Sus demandas van desde síntomas portados por un miembro de la familia (un hijo/a con problemas), a relaciones conflictivas entre diadas (padre-hijo, entre hermanos, en la pareja) o entre los dos padres con uno de los hijos/as.

En el primero de los casos, hay que confirmar mediante las entrevistas previas (antes del inicio del tratamiento), que verdaderamente es un tema individual y no vincular, como hablábamos en la primera pregunta. Muchas veces sucede que esto se confunde, y que el hijo/a esté dando síntomas no es algo que tenga que solucionarse desde el trabajo individual con el/la menor, sino con una labor más global centrada en la familia o los padres, de modo que si estos se comprometen terapéuticamente, el síntoma desaparece. No debemos olvidar, que los síntomas siempre cumplen una función y el caso de la fiebre sería un excelente ejemplo. Con los síntomas emocionales pasa exactamente igual: las rabietas o expresiones de agresividad, entre otras muestras, expresan un malestar que debemos distinguir de dónde proviene para poder remitirlas.

En el segundo y tercero de los casos, entramos ya en algo que tiene que ver con la relación en la mayoría de las situaciones, ahí sí que hablamos de vínculos, por lo que sería pertinente un trabajo familiar. Por lo anterior, la fase de entrevistas previas es la que nos va a proporcionar la llave para el tipo de tratamiento a seguir.

  • ¿Podrías contarnos, de forma resumida, cómo sería el protocolo de actuación cuando una familia demanda tus servicios?

Las familias suelen contactarme porque alguna persona o familiar conoce mi trabajo y se lo recomienda. Si consultan porque a uno de los hijos/as le ocurre alguna cosa, la norma es citar a los padres (a los dos) para una primera fase de  entrevistas donde me puedan referir más extensamente qué sucede. Esto consistiría en uno o dos encuentros para realizar la historia de vida de su hijo/a, y después, atender al menor de forma individual, realizando una devolución final con el protocolo a seguir si decidieran comenzar un tratamiento psicoterapéutico.

Digamos que antes de entrar a intervenir hay que ver lo que sucede, por todo lo que ya se ha explicado antes. Esto puede variar si, por ejemplo, la que llama es una madre preocupada por la relación entre su marido y su hijo mayor de edad. Aquí, aún siendo una demanda en relación a la familiar, las personas implicadas son adultas, por lo que tendrían que ser ellas las que se pusieran en contacto conmigo para concertar una primera entrevista. Si esto no ocurriera, también se puede trabajar, de forma individual, con lo que a ella le suscita lo que sucede. Así también funciona cuando se trata de parejas.

  • Imaginamos que habrás trabajado con familias de muy diversa índole, ¿qué nos puedes contar de esta diversidad? ¿Cuáles son los rasgos comunes? ¿Cuáles son las diferencias?

Además de las peculiaridades de cada familia (nuclear, homoparental, monoparental, ensamblada…), trabajé durante dos años en Fundación Secretariado Gitano, por lo que pude observar cómo funcionaban las relaciones en otra cultura. Después de la experiencia, y evaluando cómo se desarrollaban las circunstancias que me ocupaban en nuestra propia cultura, me di cuenta que a las personas, y a las familias en particular, les ocurren cosas muy parecidas. Somos seres sociales y relacionales, por definición, y en consecuencia gregarios, donde los vínculos son los protagonistas de nuestra historia. Con esto quiero decir, que las peculiaridades son más anecdóticas que otra cosa, a no ser que los conflictos tengan que ver con lo primario (el pan y el techo), ahí todo es más acentuado ya que existen necesidades básicas no cubiertas.

  • ¿Podrías compartir alguna experiencia al respecto?

Sí, claro. Son muchas las familias que se me viene a la cabeza, pero recuerdo un caso concreto donde el hijo de 6 años presentaba muchos problemas de conducta en casa y en el colegio. Los padres estaban muy preocupados, ya no sólo por el cansancio y desgaste familiar que esto les originaba, sino porque les apenaba ver constantemente su hijo enfadado sin saber qué tenían que hacer. En las entrevistas individuales con el menor, y después de haber tenido el registro de su historia, le pedí que pudiera construirme una familia con animales.

Con eso ya obtuve una primera impresión de lo que sucedía. Había acontecido el nacimiento de sus hermanas mellizas hacía menos de año y medio y, gracias a la imagen, pude observar cómo el niño se venía sintiendo en su familia (puso a los padres junto a sus hermanas y a él encima de una montaña solo). Esto dio la clave para comenzar con el trabajo, pudiéndose contextualizar su enfado. Fue él mismo quien nos contó lo que ocurría a través de la familia de animales con la que trabajamos durante varias entrevistas.

Posteriormente, en el avance de las sesiones, se reveló un conflicto de pareja encubierto y sin solucionar que tenía que ver con la sobrecarga de la madre en relación al nuevo giro familiar. Trabajamos individualmente con el niño, simultaneándose sesiones con los padres y la familia, para así poder hacer que se ocuparan de cada uno de los aspectos que afectaban en el comportamiento del menor. Después de un tiempo, el chico pudo mejorar, y los padres tomaron conciencia de su responsabilidad en cómo gestionaron la llegada de sus hermanas y lo que implicó para la pareja. Fue un trabajo muy bonito que a día de hoy recuerdo por la transformación tan grande que pudieron hacer y por cómo les benefició en las relaciones que mantenían, tanto al hijo como a sus padres.

  • ¿Qué otros recursos utilizas, o conoces, que pueda ser de ayuda para la evolución y desarrollo de los vínculos familiares?

Pienso que es muy importante la concienciación de los padres y madres y el trabajo con ellos. Ya sea desde grupos terapéuticos o grupos educativos. Aquí el sicodrama también se presenta como una excelente herramienta. Muchas veces nos empeñamos en colocar las responsabilidades en los hijos e hijas, y a veces se nos olvida que ellos son un reflejo de nosotros/as, de cómo estamos y de lo que hacemos. Poder verlo y entenderlo, desde la propia experiencia, permite que se produzca una modificación en ellos que ayuda a que dejen de ver lo que sucede del mismo modo, y ahí, es donde se originan los cambios.   

  • “Educacciónate” ofrece servicios de coaching educativo y familiar y, dada nuestra especial sensibilidad con la educación, nos gustaría conocer tu opinión sobre la influencia de las estructuras familiares en la Educación actual, tanto en la académica (en colegios y escuelas), como la que se da dentro del propio entorno familiar.

Esta pregunta alberga un tema complejo y apasionante al mismo tiempo. Hablamos ineludiblemente de los cambios sociales en relación al individuo, percibiendo a éste como parte de un microsistema (familia) y macro a la vez (sociedad o escuela).

La educación no es algo cuestionado, viene determinado dentro del sistema. Poca gente piensa cómo lo quiere hacer, se adaptan a algo que ya existe. La escuela tradicional, desde mi punto de vista, es rígida y está alejada de las necesidades del niño/a. Con las estructuras familiares pasa igual: padres/madres trabajando fuera la mayor parte del día, menores mucho tiempo en instituciones o con diversos cuidadores, y todo lo que estas tres circunstancias pueden generar. Con esto no me refiero a fomentar familias donde haya que prescindir del trabajo en uno de los cuidadores principales, pretendo acercarme a la idea de la calidad versus la cantidad del tiempo y a cómo se relacionan con su hijo/a en el período que pasan con él. El sistema no fomenta esto, por lo que se necesitan apoyos externos.

Aquí se abre otro tema interesante a mi parecer, relacionado con todo lo anterior: no vamos hacia delante en los estilos de crianza, damos un paso atrás en generaciones; no puede ser igual que te cuide alguien de 25 ó 40 que alguien de 70. Esto genera un espacio de reflexión, no para culpar, sino para entender. Son representaciones que están y no podemos obviar, de ahí la complejidad de la pregunta. Pienso que da cabida a infinidad de frentes que, inevitablemente, correlacionan con la estructuración del sistema actual.

  • Para finalizar, nos gustaría que nos ofrecieses un consejo, recomendación o sugerencia que, como profesional, sería de interés y utilidad para las familias que podrían estar leyendo ahora estas palabras…

Para mí, y como he dicho antes, es importantísimo tener conciencia de lo que ocurre. Cuando uno/a entiende algo, ya no puede hacer las cosas del mismo modo, y la ayuda terapéutica fomenta esto. Resolver es haber visto, y hay veces que uno mira pero no puede ver. Mi experiencia me ha llevado a darme cuenta que “dejar que pase” no es la solución. Los problemas no se “van”, los problemas están porque han sido gestados, y hasta que no los resolvamos no van a desaparecer. Estos tienen que ver con pautas o estructuras que poseemos y que repetimos por ser la única manera que conocemos de hacer las cosas. Animo a las familias a trabajarse si encuentran dificultades, a mirarse para verse, y que, gracias a ese encuentro, puedan llegar a entenderse.

  •  Sara, ha sido un placer conversar contigo y aprender tanto sobre el sicodrama. Esperamos que lo compartido sea de interés y utilidad para nuestros lectores. ¡Muchas gracias por tu generosidad y hasta pronto!