Durante el mes de septiembre, aprovechando el inicio del curso escolar, hemos tratado temas relacionados con capacidades y habilidades vinculadas al aprendizaje: atención y concentración, lectoescritura, talento y curiosidad.

Comenzamos este mes de octubre hilando estas temáticas con otros contenidos relacionados con actitudes relacionales. Aquellas que nos permiten un desarrollo social armónico. Comenzamos esta primera semana de octubre con la Convivencia.

Convivir es vivir con… vivir con los demás. Somos seres sociales y vivimos en sociedad. Desde que nacemos, ya formamos parte del primer núcleo de convivencia que es la familia de origen. Una convivencia sobrevenida, no elegida, que nos sirve para construir nuestros primeros lazos afectivos, para darle estructura y consistencia a nuestra personalidad. Años más tarde, otros contextos socializadores – como la escuela – actúan de la misma manera, generando nuevos espacios de convivencia en los que la educación actúe como catalizadores de estos procesos. Ya en la edad adulta, diariamente, estamos conviviendo con compañeros de trabajo, jefes, vecinos, amigos, familias propias, etc. Este proceso relacional, la convivencia, adquiere un rol protagónico en la dinámica de funcionamiento de cualquier persona.

Convivir, al igual que Vivir es una acto dinámico, en continuo cambio y susceptible de modificaciones frecuentes. La convivencia, elegida o sobrevenida, puede ser muy grata y aportarnos numerosos beneficios que nos hacen crecer como personas, siempre que sepamos llevarla a cabo con respeto y confianza. Si bien, es necesario revisarla frecuentemente y ajustarla a las necesidades de los interesados. En caso contrario, cuando no sabemos aportar a esa convivencia los ingredientes necesarios para que funcione y fluya, puede convertirse en una fuente de malestar continuo que requerirá de una urgente actuación para que no se deteriore irreparablemente y nos destruya más que construirnos. Fenómenos como el “bullying” en las escuelas o el “mobbing” en las empresas, son claros ejemplos de esto.

Familias y centros educativos ofrecen a nuestros niñ@s los primeros espacios de convivencia de sus vidas. La intervención oportuna, con herramientas de coaching, en ambos contextos puede ayudar a elevar la calidad de las mismas, a tomar conciencia de las áreas de mejora y a transformar cada bache, conflicto o cambio inadecuadamente gestionado, en una oportunidad de mejora.

Como cada lunes, os dejamos con nuestras “fichas de autocoaching”. ¡Feliz semana de la Convivencia a tod@s! 😉

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