“Cuida tus pensamientos porque se volverán tus Actos.

Cuida tus Actos porque se harán Costumbre.

Cuida tus Costumbres porque formarán tu Carácter.

Cuida tu Carácter porque formará tu Destino.

Y tu Destino será tu Vida.”

Así comezamos esta tercera semana de octubre, con las sabias palabras de Gandhi, que nos recuerdan la importancia de las Costumbres en nuestras vidas.

Esas acciones, prácticas, actividades cotidianas que conforman nuestro día a día. Esas relacionadas con nuestros valores, nuestra identidad y nuestros sentimientos de pertenencia y vinculadas con nuestras tradiciones y los que estuvieron antes que nosotros.

Esta semana hemos querido darle protagonismo a las Costumbres por ser esas normas tácitas que articulan el funcionamiento de cualquier conjunto de personas. Son ellas las que dan estructura a nuestros ciclos de vida, las que nos ofrecen guías por las que continuar nuestros tránsitos. Útiles y necesarias para preservar aquello que funciona y que nos ofrece buenos resultados. Sin embargo, las Costumbres también pueden ser las que desestructuren y hagan que se tambalee nuestro entorno. Como decía Baltasar Gracián: “La costumbre disminuye la admiración, y una mediana novedad suele vencer a la mayor eminencia envejecida”.

Por tanto, las Costumbres, en términos de hábitos, son tan necesarias como cuestionables y debemos estar especialmente atentos para utilizarlas en nuestro favor y conseguir, a través de ellas, un desarrollo personal oportuno.

Desde el punto de vista educativo, las costumbres familiares (tareas domésticas, momentos de ocio, visitas y viajes compartidos) son útiles porque fomentan las buenas relaciones, ayudan a la mejora de la convivencia y crean espacios de aprendizaje. En el ámbito escolar podríamos hablar de esto mismo que cobra especial relevancia cuando de “buenas costumbres” se habla (levantar la mano para hablar, respetar el turno de palabra, saludar al llegar y al salir, etc…). Si bien, como hemos comentado antes, es necesario revisarlas con cierta frecuencia para verificar que nos ofrecen aquello para lo que sugieron.

El coaching, como herramienta educativa, puede ayuda a tomar conciencia de nuestros hábitos y costumbres y nos ofrece la oportunidad de responsabilizarnos de ellos con el fin de mantenerlos o cambiarlos, según nos resulten efectivas o no.

Y para no perder la costumbre 😀 , un lunes más nos despedimos con nuestras “fichas de autocoaching” deseando, como de costumbre 😉 , ¡una muy feliz semana a tod@s!

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